¿Qué puede ser más cruel y despiadado que acribillar a una persona unos minutos después de casarse?
Hacía apenas unos segundos que una joven pareja se había unido en matrimonio en la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, de Caborca, Sonora, cuando un pistolero, presuntamente solitario, descargó su arma contra el recién casado.
El vestido de la novia manchado de sangre lo reseña todo.
Fue una trágica tarde de sábado para la Perla del Desierto de Altar.
La Fiscalía General de Justicia en el Estado afirmó de manera preliminar que una invitada fue alcanzada por las ráfagas de odio, misma que fue declarada fuera de peligro tras el ataque.
También se informó que la víctima mortal era originaria de Durango y trabajaba para una empresa en Jalisco. De inmediato se hizo un llamado a la sociedad por parte de las autoridades para colaborar con la investigación y facilitar la captura de él o los responsables.
«No se descarta ninguna línea de investigación, incluyendo aquellas que son citadas en fuentes abiertas por redes sociales», anunció la fiscalía sonorense en un comunicado.
Para describir el ambiente que se respira allá en Caborca, voy a citar al colega y amigo, el periodista Rafael León Pineda, director del portal informativo La Perla del Desierto:
«No encuentro otra descripción para lo ocurrido esta noche en Caborca, en la iglesia de la Candelaria: ¡Muy culero!»
«¿Y ahora? ¿Se equivocaron de novio? ¿Se equivocaron de boda? De ahí no va pasar de ese tipo de comentarios que han surgido durante las últimas horas. ¡Ojalá que se haga justicia y sea como antes lo hacían los verdaderos barones de la droga.
«El que cometía el error, tenía que pagar la factura. Si es cierto que no se meten con gente inocente (el crimen organizado), como se anuncian en sus videitos, pos ustedes mismos entreguenlo…
«De verdad, es triste ver lo que sucede: Cada vez más crueldad, más saña. Antes había un respeto para quienes no tenían ‘nada que ver’; ahora les vale madre quien se atraviese o el lugar donde se encuentren, ya sea una iglesia o una escuela, estén niños o adultos mayores ¡Que Dios nos ampare!
«No olvidemos que la Ley es del hombre, pero la justicia es de Dios», sintetiza el comunicador caborquense.
En la anterior entrega de La Siguiente Pregunta, apenas la semana pasada, les conté que la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) había recibido informes de inteligencia para evitar el más grande narcositio experimentado en Caborca.
Sí. Aquella otra noche trágica de balaceras interminables, granadazos por doquier y de mucho terror sicológico.
El llamado «Caborcazo», del 19 de junio de 2020, se pudo evitar, según revelaciones hechas por las filtraciones compartidas por el grupo de activistas bajo el nombre GuacamayaLeaks.
Y ahora sobreviene esta desgracia que ya ocupa las portadas nacionales de los principales diarios en México.

Se exige una explicación. El gobernador sonorense, Alfonso Durazo, dijo que la muerte de un novio, a unos segundos de convertirse en esposo, no era «motivo para generar un ánimo de psicosis»
Si el artero ataque por fuera de una iglesia no es causa de una psicosis colectiva, en una ciudad y un estado con tan poca paz pública, entonces qué tendría que pasar para que la población entre en alerta y zozobra.
Voy a concluir este escrito con las palabras del padre Prisciliano Pedraza pronunciadas la noche del 17 de marzo de 2015, quien se dijo estar «encabronado» al estar frente un grupo enorme de personas congregadas en el centro de Caborca, para exigir justicia por una pareja de novios que fueron raptados y asesinados cruelmente.
«Estoy irritado, dolido, molesto, encabronado, por esto que es fruto de una impunidad que se ha estado viviendo, y no de una casualidad», lamentó aquella vez el guía espiritual.
«Es un estado de derecho rebasado, desfasado, podrido y que pudre nuestra sociedad; el mal nos está dirigiendo y esto no puede seguir así, queremos la justicia siempre», manifestó el cura visiblemente afectado.
Las jóvenes víctimas fueron Dulce Gabriela García Moreno, de 20 años, y su novio Mario Rocha Obana, de 27.
La justicia y el olvido no llegan a Sonora.

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