Pablo Beltrán

La lista, el listo y Calixto

Y vaya que la semana que se va, fue verdaderamente movidita, sobre todo porque
sigue la efervescencia del fantasma de la censura en el país, en donde persiste el
debate sobre si hay mordaza o no hay mordaza.
El asunto del proyecto de los Lineamientos que exige el artículo 250 de la Ley en
materia de Telecomunicaciones y Radiodifusión, ha sido todo un tema, pues si
bien es cierto dichos lineamientos derivan de una instrucción del legislativo hacia
el ejecutivo, esto es, hacia la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT),
-órgano desconcentrado de la Agencia de Transformación Digital y de
Telecomunicaciones-, tampoco es del desconocimiento de la clase comunicadora,
que dicho proyecto al parecer incurre en excesos en esa intención de aplicar “el
derechos de las audiencias”, con un instrumento que incluso rebasa a la propia ley
en materia de sanciones, violando el principio de reserva de la misma.
Y sí, se ha abierto un serio debate en contra de una supuesta intención de
sobrerregulación, sobre entidades privadas que obran en virtud de concesiones,
con relación al sensible tema de la información y comunicación, lo que lleva
aparejado el análisis de si existe o no menoscabo a la libertad de expresión y
manifestación de las ideas.
El llamado derecho de las audiencias y sus matices, presupone una protección a
quienes escuchan -sobre todo con el derecho de réplica-, sin embargo, habría que
poner en la balanza si la gama de derechos establecidos no va en contraposición
a otros derechos consagrados en los artículos 6 y 7 de la Carta Magna, pues se
insiste, la manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial
o administrativa, pero además, es inviolable la libertad de difundir opiniones,
información e ideas, a través de cualquier medio.
Ya veremos qué resulta de una ponderación de derechos constitucionales, o bien
del análisis de inconstitucionalidad de normas secundarias, relativas a este álgido
tópico.
Mientras tanto y en reacción a todas las críticas provenientes de prominentes
comunicadores y otros no tanto, se vino a mitad de semana la aparición de la
defensa gubernamental en un programa oficial llamado “Derecho de Réplica”, en
donde el gobierno ejerce un derecho que solo le corresponde a los ciudadanos,
pero que a final de cuentas sirve para detener el cerco cuando se empieza a
desbordar el río.

La encargada del programa, la ya conocida Luisa María Alcalde, actual Consejera
Jurídica del Ejecutivo, tuvo la ocurrencia de subir una lista de comunicadores, que
a su juicio se dedican a “retomar, respaldar y politizar información para atacar al
gobierno”, entre otros, mencionando a Carlos Loret de Mola, Leticia Robles de la
Rosa, Luis Cárdenas, Lourdes Mendoza, Héctor de Mauleón, Adela Micha, Denise
Dresser, Ciro Gómez Leyva, Leo Zuckermann. También se procedió a señalar con
índice de fuego a medios como El Universal, Reforma, Latinus, Aristegui Noticias,
ADN 40 y Código Magenta; a los cuales en su conjunto dio en llamar como un
“ecosistema digital de amplificación” contra la presidenta.
Todo lo anterior ha dado pie a que en la jerga política ahora se le llame como la
“Lista María Alcalde”, por la ocurrencia de emular o evocar “sin querer” pasajes
históricos de no buenos recuerdos, como las listas del nazismo, las listas del
franquismo, las listas de Pinochet y algunas otras listas que han sido elaboradas y
llevadas a cabo para el sometimiento político e incluso para el exterminio del
catalogado como enemigo.
Vaya brete en que metió Luisa a la presidenta Sheinbaum, la cual ha recibido los
rozones de tan mala idea de su subordinada; aunque la mandataria ha saltado a la
palestra para manifestar que esa lista no era lista -sin saberse si se refirió a Luisa
María o a los nombres enlistados-, sino solo “ejemplos de funcionamiento de las
redes”, afirmando que ella es garante de la libertad de expresión.
Pues bueno, si la lista no era lista, entonces los enlistados… ¿qué eran?
LA VISA PERDIDA. Y hablando de “listos” dentro del paisaje surrealista mexicano,
resulta y resalta que con la novedad de que el jueves por la noche se dio a
conocer por el propio Andrés Manuel López Beltrán -hijo de ya saben quién- que le
fue retirada su Visa para ingresar a territorio de los Estados Unidos de América,
pero con tan mala reacción -como la otra- de aventarse una epístola de tres hojas
dirigida ni más ni menos que a Donald Trump, en donde le reclama agresivamente
del quehacer de Marco Rubio y Christopher Landau -Secretario y Subsecretario
de Estado-, prácticamente culpándolos del retiro de su Visa.
Calificó a estas personas como jefes de una pandilla, al acto lo nombró como una
burda y perversa canallada, pero además de corte político, politiquero y
propagandístico, al estilo hitleriano.
Su estilo fue muy confrontativo, llegando al grado de retar al vecino mandatario: Espero su respuesta para también saber a qué atenernos, lo cual siempre se
agradece, porque la hipocresía no puede ser la doctrina que guíe el noble oficio de
la política y menos cuando se trata de la relación entre pueblos amigos y naciones
con decoro.
Ya se sabrá en el corto plazo si el inquilino de la Casa Blanca le contesta en
público o privado, no le contesta o si la respuesta será de otra manera.
En los próximos días, difícilmente sabremos, si el aún joven Andy -ya que se le
baje el coraje y vea las reacciones-, le agradece a quien le hizo la Carta o si
termina reclamándole al que le dio la idea, aunque alguno estaría exento.
Listo Calixto…

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