Dr. Alejandro Antonio Durand Dávila

Médico Geriatra, adscrito al HGZ15 del IMSS Sonora

Síntomas del comportamiento: el verdadero desafío en el cuidado del adulto mayor

“No sé qué pasa con mi mamá. Todas las tardes, antes de que oscurezca, me dice que se quiere ir a su casa. Yo ya intenté de todo y no logro hacerla entender que esta es su casa, que todo está bien…”

Comentarios como este son muy comunes en la consulta de geriatría. Detrás de estas palabras suele haber un familiar agotado, preocupado y confundido porque no entiende qué está ocurriendo con su ser querido.

Los cambios en el comportamiento son una de las manifestaciones más difíciles de la demencia y no solo afectan a quienes viven con la enfermedad, sino también a quienes los atienden.

¿Qué son los síntomas del comportamiento?

Los síntomas del comportamiento, o síntomas neuropsiquiátricos, son cambios en la forma de actuar, pensar o sentir de una persona con demencia.

Frecuentemente pasan desapercibidos o se confunden con “cosas normales de la edad”. Sin embargo, no forman parte del envejecimiento normal y, cuando se identifican a tiempo, pueden tratarse y mejorar.

Ver cosas que nadie más ve, pensar que le roban sus cosas, sentir miedo al abandono, presentar agresividad, intranquilidad, no dormir por las noches, comer sin control e incluso ingerir cosas que no son alimentos.

Estos son algunos ejemplos del amplio abanico de presentaciones de los llamados síntomas del comportamiento.

¿Por qué suceden?

El comportamiento es la forma en que reaccionamos, actuamos y nos relacionamos con las personas y el entorno. En quienes viven con demencia ocurren cambios en el funcionamiento del cerebro que modifican esa manera de responder. Estos cambios pueden hacer que algunos rasgos de personalidad se vuelvan más evidentes.

También es importante reconocer que el agotamiento del cuidador influye en el ambiente de la persona con demencia. Cuando el estrés es muy alto, sin querer podemos transmitir ansiedad o impaciencia, lo que puede empeorar la situación.

No se trata solo de medicamentos

Aunque existen medicamentos que pueden ayudar, no son la única solución y, en ocasiones, no son la primera opción.

Las medidas no farmacológicas, como desviar la atención del tema, mantener a la persona ocupada en los momentos en los que sabemos que los síntomas empeoran, establecer rutinas de sueño para lograr un buen descanso y favorecer un ambiente tranquilo y con buena iluminación, pueden ser de gran ayuda.

Como geriatras, nos gustaría que existiera una “pastilla mágica” que resolviera todos estos problemas, pero la realidad es que el mejor tratamiento suele consistir en cambios en el ambiente, una adecuada orientación para la familia y, cuando es requerido, medicamentos.

¿Cómo podemos ayudar?

Tener rutinas establecidas para la alimentación, el aseo y el descanso.

Mantener una correcta prescripción y un adecuado orden de los medicamentos.

Controlar las enfermedades crónicas, en caso de padecerlas.

Ser empáticos y pacientes.

Esto último puede ser especialmente difícil cuando el cansancio se acumula. Sin embargo, es importante recordar que la persona con demencia no está actuando de esa manera por voluntad propia ni intenta molestar a los demás. Los cambios en su comportamiento son consecuencia de la enfermedad y, en la mayoría de los casos, escapan a su control.

Quien cuida conserva la capacidad de comprender la situación, transmitir calma y buscar la mejor manera de responder. También debe recordar que pedir ayuda no es un signo de debilidad. Compartir las responsabilidades del cuidado con otros familiares o buscar apoyo profesional puede mejorar la calidad de vida tanto del paciente como del cuidador.

Si usted identifica alguno de estos síntomas en un familiar, consulte a su médico. Informarse, recibir orientación y participar en grupos de apoyo puede hacer una gran diferencia.

Te lo dice tu geriatra.

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