El ataque armado perpetrado contra cuatro trabajadores y una camioneta de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) está muy lejos de ser una confusión.

1.

El dominio del área geográfica por parte de la delincuencia organizada en la sierra alta sonorense representa la mayor ventaja táctica sobre autoridades, pobladores y visitantes.

Me explico: La velocidad de subida y bajada en esa carretera varía entre los 30 y 60 kilómetros por hora. Con la obviedad de que un transporte pesado de la CFE no circula a gran velocidad por esa zona. El ascenso y descenso de la unidad paraestatal afectada ya había sido detectado con mucha antelación, al igual que del resto de vehículos que por allí circulan.

2.

El logotipo, insignias y características de un auto de servicio de Comisión fue diseñado, precisamente, para evitar confusiones de cualquier tipo y ser identificados de inmediato, en caso de que algún usuario necesite auxilio alguno por parte de estos trabajadores.

Considero que no es necesario ahondar en esta precisión porque es tan clara como las vistosas iniciales de la paraestatal, en cada uno de sus carros oficiales.

3.

De este punto y en adelante, las precisiones son tan evidentes como irrefutables.

Si el ataque a los empleados de CFE, perpetrado la mañana del 7 de septiembre anterior en la región de Ónavas, se tratara de una confusión, el vehículo oficial no hubiera sido incinerado.

¿Para qué? Los gatilleros habrían soltado las primeras balas por confusión y luego hubieran cesado el fuego porque equivocaron el objetivo.

O si por allí algún despistado creyera que incineraron el carro para borrar las huellas de sus fallos, solo quedaría una pregunta en el aire: ¿Por qué dejaron a dos sobrevivientes?

4.

La hipótesis de la confusión palidece aún más desde el momento en que los atacantes proyectaron una brutal cantidad de balas contra las personas y el auto.

5.

Esta agresión armada es muy similar a la masacre acontecida el 4 de noviembre de 2019 en La Morita, Bavispe, donde nueve integrantes de las familias Langford, Miller y LeBarón fueron muertos a balazos e incinerados.

Solicito al lector que lo anterior sea tomado, guardando las debidas proporciones.

Lo aclaro, con estas tres características que comparten el caso Bavispe y Ónavas: Ambos ataques fueron perpetrados por el grupo delictivo de La Línea, con sede delincuencial en Ciudad Juárez, Chihuahua.

En ambos casos, las víctimas fueron baleadas y reducidas a cenizas.

Además que en estas dos masacres, se sospecha legalmente que se trató de una confusión.

6.

Si la autoridad sonorense ya sabe quiénes fueron los atacantes, por qué no se han visto avances en las pesquisas y posibles detenciones, de los presuntos responsables.

De menos, una reunión entre los mandatarios de Sonora y Chihuahua en donde presuman acciones conjuntas para capturar a los sospechosos.

7.

La hipótesis de la confusión topó con la peor evidencia posible. La alcaldesa de Yécora, Yadira Espinoza Méndez, envió una carta al presidente Andrés Manuel López Obrador para contarle que todos los días, alrededor de las siete de la mañana, coincidentemente, la comunidad que representa sufre apagones, justo a las siete de la mañana, que se repiten hasta 10 veces por día.

La jefa munícipe refiere que el medicamento en dependencias se echa a perder, los aparatos electrónicos se descomponen por la intermitencia en el servicio y hasta las clases se cancelan debido a la falta de energía.

La verdad os hará libres. Las mentiras e hipótesis se hunden en el abismo de incongruencias.

Dudas y aclaraciones, aquí por este medio o en redes sociales. Nos leemos el próximo lunes.

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